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lunes, 28 de mayo de 2012

El genoma del melanoma acusa a la exposición al sol

El melanoma, la forma más mortal y agresiva de cáncer de piel, ha estado durante mucho tiempo vinculada al tiempo que se pasa bajo el sol. Ahora, un equipo liderado por científicos del Instituto Broad y el Instituto del Cáncer Dana-Farber (Estados Unidos) han secuenciado los genomas completos de 25 tumores de melanoma metastásico, lo que confirma el papel de la exposición crónica al sol y revelan nuevos cambios genéticos, de gran importancia en la formación de tumores.

  En un artículo publicado en 'Nature', los autores proporcionan el primer vistazo en alta resolución al paisaje genómico de los melanomas humanos. Análisis genéticos anteriores se han centrado en los exomas de muchos tipos de tumores, concentrándose en la pequeña fracción del genoma que proporciona el código genético para la producción de proteínas. Pero los genomas enteros contienen una gran cantidad de información genética, y la secuenciación y el análisis de 25 tumores de melanoma metastásico, representa una hazaña significativa desde el punto de vista técnico y computacional.

"La secuenciación del genoma completo sin duda añade una gran riqueza de descubrimientos que no pueden ser capturadas con un exoma", dijo Levi Garraway, profesora asociada en el Dana-Farber Cancer Institute y la Facultad de Medicina de Harvard y una de los autores principales del artículo.

"Al mirar a través de todo el genoma se puede determinar con mayor precisión la tasa de mutación de fondo y las diferentes clases de mutaciones, y describir con mayor confianza el patrón de radiación ultravioleta o la mutagénesis inducida en el melanoma", añadió Michael F. Berger, invetigador en el Sloan-Kettering Cancer Memorial y co-primer autor del trabajo junto a Garraway.


Cuando los científicos exploraron los datos de todo el genoma, encontraron que las tasas de mutaciones genéticas aumentaban junto con la exposición crónica al sol en los pacientes, lo que confirma el papel de los daños del sol en el desarrollo de la enfermedad. "Todo el análisis del genoma de los tumores de melanoma humano muestra por primera vez la existencia de muchos reajustes estructurales en este tipo de tumor", dijo Lynda Chin, directora del Departamento de Medicina Genómica del MD Anderson Cancer Center en la Universidad de Texas.
  
Los científicos detectaron mutaciones de los genes BRAF y ANR en 24 de los 25 tumores. Ambos genes están implicados en el envío de señales importantes en el crecimiento celular. Otro gen, el PREX2 (previamente implicado en el cáncer de mama, para el bloqueo de una vía supresora de tumores) se vio alterado en el 44 por ciento de los pacientes, mutado en una convergencia de alteración genética que parece acelerar el desarrollo del tumor.

Experimentos con ratones en el laboratorio de Chin demostraron también que las mutaciones del PREX2 estimulan el crecimiento del tumor. "Todavía no podemos decir que sabemos exactamente cómo funciona", dijo Garraway. "PREX2 puede estar en una nueva categoría muy interesante de  genes del cáncer mutados que apuntan a por lo menos una vía, y tal vez más, en que valdría la pena la orientación terapéutica en el melanoma."
Europa Press, Madrid

viernes, 8 de julio de 2011

Los cuidados de la piel en verano

Con la llegada del buen tiempo llega la temporada de las piscinas, playas, pantalones cortos,… y por ello la importancia de saber los efectos del dominante astro SOL sobre nuestra piel.
Después de escuchar durante muchos años la importancia de protegernos de los temidos “rayos ultravioletas”, sabemos que antes de exponernos al sol hay que aplicarse una crema protectora solar, con el Factor de Protección adecuado a nuestra piel. Pero, ¿cuál es el factor apropiado? ¿hay que echarse crema cuando paseamos por la calle? ¿con una camiseta es suficiente para protegernos? El sol produce radiación visible e invisible. Los ra­yos invisibles Utravioleta A (UVA) y Ultravio­leta B (UVB) causan la mayoría de los problemas. Los dos producen el bronceado, las quemaduras y el fo­toenvejecimiento. NO HAY RAYOS ULTRA­VIOLETA SE­GUROS.
Los  rayos UV son más intensos en el verano, en zonas de mayor al­tura y mayor proximidad al ecuador. Los efectos de los rayos UV  aumentan por el viento y  el reflejo de la luz en el agua, arena y nieve. Aún los días nublados se recibe una importante radiación solar.
El uso de protectores so­lares pre­viene el daño ac­tínico cutáneo y la apari­ción de cáncer de piel. Se reco­mienda evitar los baños de sol, utilizar sombrero y vestido adecuado así como una crema  fo­topro­tectora de al menos un factor de protección de 15.
Los fotoprotectores ab­sorben, re­flejan o disper­san los rayos solares que llegan a la superficie de la piel. Se pueden encontrar en el mercado de for­mas muy diversas como cremas, lociones, aceites, geles y en barras. Todos están marcados con el Fac­tor de Protec­ción Solar (FPS)  -Sun Protection Factor (SPF)-  Cuanto mayor es el FPS , mayor es la protección contra las quemadu­ras solares, causada mayori­taria­mente por los UVB. Algunos foto­protectores llamados " Pantallas To­tales" bloquean tanto los UV A como los UV B por lo que protegen también de otros efectos del sol aparte de las quemaduras. Los fotoprotectores no son perfec­tos, por lo que la FOTOPROTEC­CIÓN debe ser  más un hábito de educación que seguir unas normas; por ello se debe comenzar por evi­tar las horas de mayor inso­lación  y vestir la ropa adecuada.
Los fotoprotectores se deben apli­car unos 20 minutos antes de sa­lir al exterior y volverlos a ex­tender cada dos horas y después del baño y del ejercicio intenso. Las sombrillas  y pantallas no previenen del todo el daño solar ya que los ra­yos son reflejados en el agua, la arena o las su­perficies bri­llantes.
La mayoría de la ropa ab­sorbe o refleja los rayos UV, pero el tejido flojo (holgado) como las prendas caladas  y la ropa húmeda pegada a la piel ofrecen poca protección. Como norma, si al mirar directamente al sol a través del tejido de una prenda se aprecia la silueta de éste, entonces  el vestido ofrece poca protección.
Si ahora hablamos de los cuidados que hay que tener con una cicatriz en esta época estival, hay que multiplicar por dos los cuidados. Los rayos UV, sean A y/o B, son fatales para la correcta evolución de las cicatrices. La piel nueva de las cicatrices es extremadamente sensible, por lo que necesita un cuidado extra. Esta sensibilidad hace que sean más susceptibles de quemarse por el sol, produciéndose una híper pigmentación de la piel de la cicatriz, por lo que se notarían más. Pero la exposición solar no sólo produce este cambio de color en las cicatrices, también hace que la piel sea más dura; por lo que la suma de ambos efectos provoca que la cicatriz, lejos de disimularse, cada vez se note más. Por todo esto, es importante protegerla de los rayos UV ahora que lo tenemos más cerca.